Nuevo chuzo

Si están leyendo esto, significa que mi campaña de solidaridad “lleve un blogcito en su navegador” ha rendido frutos y la inversión en horas-nalga para producir esta chambonada sitio está plenamente justificada.

Como ya no tengo que pedir ni un nano bit regalado de internet, no tengo que responderle a nadie por el  blog, las fotos que ponga, las palabras que me invente o los libros que resulten publicados a raíz de mi difusa ocupación laboral.

Eso no significa que este derroche de talento se vaya a perder en el purgatorio cibernético como Geocities o AltaVista. Estoy consciente de la responsabilidad social que tengo con el mundo de garantizar la consistencia del contenido de este espacio como digna exponente del género ñero-lingüístico ampliamente conocido como neo-corronchismo o barranquillerismo mágico. También sé que he adquirido un compromiso con mis súbditos de no abandonar las labores chancletiles o gafales sin importar lo invernal o grisáceo del evento que amerite compartirles una imagen.

Asi que si les sobran los próximos cinco minutos, procedo a explicar el nuevo blog:

Dado que la capacidad retentiva del ser humano se reduce a medida que la cantidad de información con la que se le bombardea se multiplica al ritmo demográfico de un país asiático; hace algún tiempo adopté el método quincuagenario, es decir, limito mis escritos a unas quinientas palabras, o lo que equivale a una hoja tamaño carta, puesto que ya bastante torturo a mis pacientes con mis retahílas y delirios literarios, lo mínimo que puedo hacer es tratar de que les sea breve y puedan retornar a sus actividades diarias sin mayor retraso.

Sin embargo, a veces el cuento que tengo para echar se pasa de mi límite (no me miren a mí, las historias son como son y yo simplemente estoy aquí para contarlas) y como ya tengo la costumbre de hacer ejercicios de escritura de mil palabras con mi hermana de mente, considero apropiado advertir si la entrada es de quinientos para arriba y dejar los mamotretos o tomos de enciclopedia de mil o mas vocablos para otras obras más profundas, o sea los libros.

Los fanáticos de vieja data, o sea los barristas bravos de este chuzo, sin incluir a mi mamá, notarán que el block ya no tiene entradas nuevas. El motivo es que varios de esos escritos han cumplido tan perfectamente su deber de entretener a las masas, que han sido encarnados en papel y de ahora en adelante gozan de los beneficios de la jubilación en las páginas de mi primer libro: El Patacón Playero Y Otras Vainas De Mi Pueblo, el cual pueden chismosear haciendo click en donde dice “otras cosas” o si, en verdad están comprometidos a preservar el patrimonio cultural de la humanidad, pueden comprar a través de una serie de mecanismos absurdos que explico en algún link por acá  pero que espero resolver muy pronto para poder poner una palangana de patacón al alcance de todos.

No siendo mas, agradezco infinitamente su apoyo, paciencia y falta de buen gusto de seguir leyéndome.

Atentamente,

Ana Paula Cuervo

Escritora. Soberana vitalicia de la chancla. Reina democrática de la gafa de cinco mil. Máster del universo.

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