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The Wolverine

El CGI no alcanza para la promocion.

El CGI no alcanza para la promocion.

Este año he visto películas tan malas que me han hecho reflexionar seriamente acerca de mi habilidad para escribir y he llegado a la conclusión de que, si Hollywood y los espectadores le gastan millones a bodrios de la talla de Wolverine, todavía hay esperanza de que yo pueda vivir de lo que escribo.

Pero mientras tanto sigo teniéndolo de pasatiempo porque tengo cuatro gatos que alimentar, así que aquí está la reseña de The Wolverine, en 3D. Para los que tienen problemas de memoria, es Guepardo, el de los hombres X que pasaban los sábados en la mañana antes de los canales privados de TV.

Esta es la segunda entrega de lo que nos habían anunciado como trilogía ante el desastre en el que se estaba convirtiendo la saga de X-Men a pesar de Sir Ian McKellan y Sir Patrick Stewart haciendo que los universos del fandom colapsaran en una sola película tres veces seguidas. Mucho se criticó a la primera película por la historia pero sobre todo por tener el CGI más chambón fuera de las películas de The Asylum; este problema lo resolvieron en la segunda con unos cuantos millones de dólares más que tal vez habrían podido ser invertidos en pagarle a algún escritor decente para que sacara una historia medianamente coherente. Está claro que nadie esperaba ni la mas mínima explicación de los orígenes del mutante porque supuestamente de eso se había encargado la primera película; esta más que claro que lo que íbamos a ver era un episodio de la vida de Logan que ocurría después de los eventos de X-Men The Last Stand, pero ni así se justifica esa colcha de retazos japoneses por la que pagué 18 dólares.

Para empezar, sale Famke Jenssen como Jean Grey. No me malinterpreten, ella generalmente salva hasta los libretos más flojos incluso si le toca con las piernas, como en Goldeneye, pero estoy de acuerdo con la gente de io9 cuando dicen que la química entre ella y Hugh Jackman es inexistente. Supuestamente Wolverine se vuelve un gatico bebé con ella pero sinceramente si hubieran puesto a Kim Kardashian o a una muñeca inflable hubiera sido más entretenido que tratar de ignorar el botox y la peluca roja que llenaban la pantalla las tres veces que ella salió a amargarle los sueños húmedos al pobre Logan. Baste decir que lo único que se le levantó al guepardo fueron las garras.

Como ya sabemos, guepardo es inmortal, así que la historia arranca justo cuando tiraron la bomba en Nagasaki y él le salva la vida a un soldadito japonés de nombre Yashida quien le queda eternamente agradecido, al punto que en el 2013 lo manda a buscar para ofrecerle, a nombre de su súper corporación, acabar con el tormento de no poder morir así no se tenga nada porque vivir.

De ahí en adelante fue como un tour de las cosas que los gringos se imaginan que es el Japón, o sea dos harajuku girls, ninjas, kimonos, tren bala y fetiches extraños, aunque no esperen tentáculos por ninguna parte. Aunque tal vez los tentáculos hubieran salvado la patria porque lo que si no tiene explicación ni perdón de dios es la señora cuya mutación consiste en ponerse un leotardo verde brillante y escupir veneno. Es como una Poison Ivy a lo pobre. Aunque la película no cautivó a los fanáticos del comic o del personaje, al menos la legión de adoratrices de Hugh Jackman no fue ignorada y hubo suficiente descamisamiento y nalgatorio que evidenciara el buen estado físico del actor para que hasta las más garosas se dieran por bien servidas.

Total, Logan se huele algo tramoyudo en esta familia del millonario japonés Yashida y obviamente se queda para el funeral del viejito y termina huyendo de unos ochenta asiáticos, entre ninjas y yakuza, con la nieta del viejo hasta Nagasaki donde prácticamente revive los dos días que paso en la cabaña de las montañas canadienses con la pelada que le echo el cuento del wolverine, solo que esta vez la pelada le echo el cuento de algo mas japonés que no me acuerdo bien que era porque me dormí, al igual que mis acompañantes y solo nos despertamos ante la bulla que hacía un tal silver samurái que resulto ser el viejo Yashida en una armadura tipo Iron Man con la que le arrancó el adamantium a Logan. No pregunten que yo tampoco entendí muy bien como fue la vuelta ahí. Lo único que sé es que al final lo mandan en un avión con la otra pelada y nos tocó mamarnos la mitad de los créditos para poder ver la escena del avance de X-Men con profesor X y Magneto.

En resumen, absolutamente todo en esta película se da garra, así sea de adamantium.

Una butifarra. Le daría cero, pero hubo nalga de Hugh Jackman así que no fue pérdida total. Espérenla en TV.

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Advertencias

Como uno de mis pasatiempos es ir a cine, ahora me voy a dedicar a escribir mis opiniones acerca de las películas que pago por ver. Pido disculpas si empecé un poco tarde para la temporada 2013, pero trataré de ponerme al día en cuanto me sea posible.

Mi sistema es muy simple, yo cuento como me pareció la película sin respeto alguno por quienes no la hayan visto todavía, así que si piensan verla, mejor ni lean. Mejor dicho, estas son reseñas apenas para mi mami que va a cine una vez al año y se duerme viendo películas en televisión. Mi calificación va de una a cinco butifarras, siendo cinco la perfección hecha película. También les recomiendo si es algo digno de ver en pantalla gigante o si pueden vivir sin verla.

No siendo mas, bien puedan sigan y disfruten.

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Sol, solsticito

Donde uno se siente bien...

Donde uno se siente bien…

El solsticio de verano siempre ha sido un evento fascinante para la humanidad. Desde los grafitis de las cavernas hasta los rituales de Stone Henge y otros puntos álgidos de la cultura mundial a través de los siglos; y seguramente lo seguirá siendo cuando encontremos una manera permanente de descalabrar el eje de rotación del planeta y quien sabe que celebraremos entonces. (Tal vez la vaciada de un océano sobre un continente y viceversa).

A mí me gusta el solsticio desde que vivo en el hemisferio norte, puesto que estas cosas a la altura del ecuador son tan notorias como la reversa de un Boeing. Me gustaba en Barcelona por la fogata playera de la nit de sant Joan, así me tocara mear detrás de un árbol (tema para otro blog), por la coca de sant Joan (un pancito dulce propio de la fecha) y por el hecho de que la tradición pagana de celebrarle las vainas al astro rey no le dejó al vaticano más opción que ponerle nombre de santo a la fecha y legitimar el jolgorio de una u otra manera. Pero no me crean a mí que hace mucho que no voy por esos lares y no puedo confirmar los detalles.

En esta, mi otra patria, el verano arranca en Mayo, casi un mes antes del solsticio. Y no es porque el sol le corra al tío Sam para acelerar el verano, sino por pura conveniencia administrativa de poner un festivo que declare la temporada vacacional comenzada y poder empezar a cobrar la entrada a la playa apenas se pueda meter un pie al mar.

Para mí, el tiempo que pasa entre Memorial Day y el 21 de Junio es la época de recargar el pase de los peajes que hay desde mi casa hasta Asbury Park. También es el tiempo de desempolvar las sillas de playa y mandar a lavar las toallas de colorinches que siempre olvido guardar con naftalina cada Septiembre. Es la época de abrir el marranito y comprar el pase ilimitado de la feria que arman en el parqueadero del estadio de los Giants (que ahora se llama Met Life Stadium) y poder callar la voz de la razón que me impide consumir azúcar a granel y ceder ante los siropes pegachentos de los slurpees, las migajas espolvoreadas de los funnel cakes y los baldados de limonada aguada que valen lo que vale una botella de vodka en una licorera.

Este año escribo sobre el solsticio porque el regreso a las playas estaba muy en veremos tras los estragos de la tormenta. Pero tras dos horas de tráfico, no puedo alcanzar a describir la felicidad de asomarme al boardwalk y ver que todo está recuperado, que la arena pedregosa sigue ahí y que el mar no sube ni un grado de temperatura, así que sigo sin meterme al agua; tal cual como todos los años anteriores. La furia de Sandy se llevó mar adentro a la montaña rusa de Seaside Heights, pero no pudo ahogar los recuerdos, nuevos y viejos, que quienes amamos este Jersey Shore y no podemos mantenernos alejados por mucho tiempo de sus boardwalks, sus helados, sus salvavidas que pitan más que guachimán haciendo ronda y todas las maricaditas que se encuentran a su alrededor.

Yo sé que mi tropicalidad se ve severamente limitada por lo breve de la temporada y por el higiénico entorno de estas playas, puesto que aquí nadie pasa vendiendo cocadas in coctel de camarón. Pero créanme que este también es un reino digno de mis chancletas y uno se acostumbra a todo; hasta a no pedir rebaja en la limonada porque no dan ñapa.

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Nuevo chuzo

Si están leyendo esto, significa que mi campaña de solidaridad “lleve un blogcito en su navegador” ha rendido frutos y la inversión en horas-nalga para producir esta chambonada sitio está plenamente justificada.

Como ya no tengo que pedir ni un nano bit regalado de internet, no tengo que responderle a nadie por el  blog, las fotos que ponga, las palabras que me invente o los libros que resulten publicados a raíz de mi difusa ocupación laboral.

Eso no significa que este derroche de talento se vaya a perder en el purgatorio cibernético como Geocities o AltaVista. Estoy consciente de la responsabilidad social que tengo con el mundo de garantizar la consistencia del contenido de este espacio como digna exponente del género ñero-lingüístico ampliamente conocido como neo-corronchismo o barranquillerismo mágico. También sé que he adquirido un compromiso con mis súbditos de no abandonar las labores chancletiles o gafales sin importar lo invernal o grisáceo del evento que amerite compartirles una imagen.

Asi que si les sobran los próximos cinco minutos, procedo a explicar el nuevo blog:

Dado que la capacidad retentiva del ser humano se reduce a medida que la cantidad de información con la que se le bombardea se multiplica al ritmo demográfico de un país asiático; hace algún tiempo adopté el método quincuagenario, es decir, limito mis escritos a unas quinientas palabras, o lo que equivale a una hoja tamaño carta, puesto que ya bastante torturo a mis pacientes con mis retahílas y delirios literarios, lo mínimo que puedo hacer es tratar de que les sea breve y puedan retornar a sus actividades diarias sin mayor retraso.

Sin embargo, a veces el cuento que tengo para echar se pasa de mi límite (no me miren a mí, las historias son como son y yo simplemente estoy aquí para contarlas) y como ya tengo la costumbre de hacer ejercicios de escritura de mil palabras con mi hermana de mente, considero apropiado advertir si la entrada es de quinientos para arriba y dejar los mamotretos o tomos de enciclopedia de mil o mas vocablos para otras obras más profundas, o sea los libros.

Los fanáticos de vieja data, o sea los barristas bravos de este chuzo, sin incluir a mi mamá, notarán que el block ya no tiene entradas nuevas. El motivo es que varios de esos escritos han cumplido tan perfectamente su deber de entretener a las masas, que han sido encarnados en papel y de ahora en adelante gozan de los beneficios de la jubilación en las páginas de mi primer libro: El Patacón Playero Y Otras Vainas De Mi Pueblo, el cual pueden chismosear haciendo click en donde dice “otras cosas” o si, en verdad están comprometidos a preservar el patrimonio cultural de la humanidad, pueden comprar a través de una serie de mecanismos absurdos que explico en algún link por acá  pero que espero resolver muy pronto para poder poner una palangana de patacón al alcance de todos.

No siendo mas, agradezco infinitamente su apoyo, paciencia y falta de buen gusto de seguir leyéndome.

Atentamente,

Ana Paula Cuervo

Escritora. Soberana vitalicia de la chancla. Reina democrática de la gafa de cinco mil. Máster del universo.